Francisco Rosado May *
Bienvenido 2010 con los grandes retos que ya están presentes. A finales del año pasado, el Diario Oficial de la Federación publicó el presupuesto de egresos. Varias IES, entre ellas nosotros, recibimos el mismo presupuesto que el año pasado. Realmente ni siquiera es el mismo, toda vez que ha habido inflación y este año se esperan más impuestos e incrementos de costos de varios bienes y servicios.
Las opiniones sobre los presupuestos básicamente se ubican en dos grupos. Uno que engloba a quienes dicen que es un logro mantener el mismo recurso bajo condiciones extremadamente difíciles desde el punto de vista financiero. Otro, que señala que la educación, la buena educación, es la que puede sacar al país adelante; no contar con el recurso adecuado significa mayores retrasos para el mismo país.
El primer grupo de opiniones está integrado principalmente por políticos, burócratas y académicos pertenecientes a IES consolidadas. El segundo grupo está integrado principalmente por intelectuales, algunos políticos y personal de las IES en formación, de reciente creación.
Algunas fuentes oficiales señalan que el hecho de que se publique un presupuesto no necesariamente es el único que se puede ejercer en las IES. Hay bolsas con recursos conocidos como extraordinarios a los que se pueden acceder si se presentan buenos proyectos. La solución no sería tan mala si se toman en cuenta, y se resuelven, dos aspectos críticos para IES como la nuestra.
El primero es que aún teniendo acceso a este recurso extraordinario, hay que resolver un asunto de fondo con los estados. En Quintana Roo no se asume automáticamente que la aportación federal de un recurso extraordinario requiere una contraparte estatal. Hay una diferencia en interpretación de convenios entre la Federación y el estado que debe resolverse al más alto nivel. El riesgo es fuerte al no tener una interpretación adecuada y homogénea. De hecho son dos los problemas. El primero implica que el estado puede no aportar el otro 50 por ciento del recurso tan necesario para la IES; como consecuencia la Federación podría retirar el recurso. El otro problema es que por ser extraordinario el recurso, no se considera necesario que el próximo año se cuente con ello. En ambos casos universidades como la nuestra tiene un panorama nada halagüeño.
El asunto es de fondo, es de conceptualización. Me parece que la lógica, detrás de las medidas y políticas como la presupuestal, asume que las IES están consolidadas. En nuestro caso y en varios casos en el país, aún no tenemos una sola generación que haya egresado, por tanto la incertidumbre es mucho mayor. Esta se incrementa porque la planeación se torna extremadamente difícil (seguimos contribuyendo a una cultura de no planeación sino de adaptación a lo que se puede y como se pueda). Asumiendo que habrá un recurso, que no hay certidumbre de cuánto, no hay la total seguridad de cuándo ese recurso entrará a la universidad.
En consecuencia, ¿Cómo hacer una buena planificación para definir cuántos estudiantes nuevos admitir? ¿Cuántos nuevos profesores contratar? ¿Cuándo emitir la convocatoria? ¿Habrá suficiente tiempo para que la convocatoria funcione y se enteren personas de alta valía para la Universidad? No hay respuestas claras, el sistema no lo permite. ¿Qué tan difícil es tener un sistema más organizado, que permita mayor certidumbre y una mejor planeación?
En mis años en la academia y en la administración académica, he estado escuchado en forma insistente que uno de los cuellos de botella de las IES es que no sabemos planificar. Cierto, en nuestro país no hay una tradición tan fuerte como en otros países sobre planeación (simplemente comparemos el número y calidad de los programas educativos que tenemos en México sobre planeación, contra los de otros países más desarrollados). Este problema estructural se ve fortalecido, y cuenta con una excelente retroalimentación que previene una mejor planeación, por el sistema establecido. No está en las manos de las IES ni de los rectores atender los problemas estructurales como los que he mencionado antes. Está en manos de otras instancias de más alto nivel.
¿A quien conviene que el sistema de planeación no sea eficiente y eficaz?
El esfuerzo, energía, recursos financieros, tiempo y otros factores que se invierten en un sistema que no conduce a la cultura de planeación es parte del gran problema financiero que tenemos en el país; es decir, por no tener un sistema de planeación mejor establecido, estamos gastando en forma irresponsable el escaso recurso que tenemos.
¿Por qué no usar un plan estratégico de desarrollo institucional, con metas y objetivos bien establecidos, como el contrato para el financiamiento multianual de una IES? Esto sin duda daría la certidumbre que necesitamos. California este año ha puesto un ejemplo que debemos conocer y aprender, el estado ha establecido por ley un porcentaje del presupuesto estatal que se destine a educación superior.
* Rector de la Universidad Intercultural Maya de Quintana Roo.
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